En medio de un panorama nacional donde la percepción pública sobre los líderes locales se mide con encuestas que a menudo parecen más un termómetro de marketing que de gestión efectiva, la reciente medición de Guarumo y EcoAnalítica, publicada en enero de 2026, coloca al alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, en el segundo puesto de aprobación entre los mandatarios de las principales capitales colombianas. Con un índice favorable que ronda el 70-80% según diversas fuentes como El Tiempo y Agencia de Periodismo Investigativo, “Fico” –como se le conoce– se ubica por debajo de Alejandro Char de Barranquilla, quien lidera con un impresionante 88%.
A primera vista, esto podría interpretarse como un logro para Gutiérrez en su segundo mandato. Sin embargo, un análisis más profundo revela una realidad preocupante: esta popularidad parece más un producto de una agresiva estrategia de publicidad que de avances concretos en la ciudad. Mientras Medellín enfrenta un incremento alarmante en inseguridad y descuidos en infraestructura básica, ni siquiera los millonarios recursos invertidos en pauta han logrado posicionarlo en el primer lugar. Y peor aún, muchas de las “obras” con las que se jacta, especialmente en el sector educativo, no son más que herencias de vigencias futuras dejadas por la administración anterior de Daniel Quintero.
Comencemos por lo evidente: la inseguridad en Medellín no da tregua, y las cifras lo confirman. Según el balance oficial de la Secretaría de Seguridad y Justicia de Antioquia, la ciudad cerró el 2025 con 346 homicidios, un incremento del 5% respecto a los 329 registrados en 2024. Este repunte no es aislado; hasta diciembre de 2025, los asesinatos ya sumaban 301, representando un 7% más que en el mismo período del año anterior, como reportó Análisis Urbano.
Más alarmante aún es el vínculo entre violencia y delitos comunes: solo hasta noviembre de 2025, 33 homicidios estaban relacionados directamente con hurtos, un indicador de que la criminalidad cotidiana se está volviendo letal, según Teleantioquia. Y el 2026 no pinta mejor; en los primeros ocho días del año, defensores de derechos humanos como los citados por Infobae reportaron al menos 13 muertes violentas en la ciudad. A esto se suman los hurtos a personas, que en Antioquia alcanzaron las 35.321 casos en el consolidado anual reciente, con Medellín como epicentro de esta ola delictiva (38.4% del total departamental). ¿Dónde está la “mano dura” prometida por Gutiérrez? En lugar de resultados tangibles, la ciudadanía enfrenta un deterioro que contrasta con la imagen pulida que se proyecta en redes y medios.
Este contraste no es casualidad, sino el resultado de una inversión desproporcionada en publicidad que parece priorizar la percepción sobre la acción. Desde el inicio de su mandato en 2024, la Alcaldía de Medellín ha destinado recursos millonarios a pauta, con contratos que superan los 6.000 millones de pesos solo en un convenio con RCN Radio, como denunció RTVC Noticias. En el primer semestre de su administración, Gutiérrez gastó en promedio 15 millones de pesos diarios en publicidad, dirigidos en su mayoría a medios nacionales y aliados políticos, según un informe de La Silla Vacía.
La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) ya lo había señalado en su primer mandato (2016-2019) como el alcalde que más recursos públicos destinaba a este rubro, y la tendencia persiste: estimaciones independientes, como las de El Armadillo, indican que el gasto total en “show” publicitario podría superar los 200.000 millones de pesos, incluyendo viajes y campañas de imagen. ¿El resultado? Una popularidad que lo mantiene en segundo lugar, pero que no alcanza el oro pese a la inundación mediática. Si con tanto dinero invertido en “aparecer en todo” –desde vallas hasta redes sociales– no logra desbancar a Char, ¿qué dice eso de su gestión real? Es como si la encuesta midiera más el presupuesto de marketing que el impacto en la calidad de vida.
Y hablando de impactos ficticios, no podemos ignorar el sector educativo, donde Gutiérrez ha intentado “sacar cara” con remodelaciones y nuevas infraestructuras. Sin embargo, la mayoría de estas obras son producto de vigencias futuras aprobadas por la administración Quintero. En 2022, el Concejo de Medellín avaló 319.000 millones de pesos para intervenir más de 150 sedes educativas, con un plan maestro que incluía recursos por 182.000 millones para 2023 y 137.000 millones para 2024, como detalló Caracol Radio. Quintero aumentó 27 veces los fondos destinados a colegios en deterioro, dejando un legado presupuestal que Gutiérrez ha heredado pero no ejecutado a plenitud.
De hecho, a julio de 2024, solo 65 colegios de los pendientes estaban listos, según Blu Radio, y el propio alcalde admitió en enero de 2024 que al menos 40 instituciones seguían en “estado crítico” porque la anterior gestión no avanzó lo suficiente –una crítica conveniente que omite que muchas de las inauguraciones actuales, como las reportadas por El Colombiano (112 colegios remodelados hasta octubre de 2024), dependen directamente de esos fondos preaprobados. Es irónico: mientras presume de megacolegios, ignora que estos son frutos de compromisos fiscales del pasado, no de su iniciativa propia. Esto no solo evidencia una falta de innovación, sino un descuido en priorizar necesidades urgentes, como la seguridad en entornos escolares, donde la violencia urbana se filtra cada vez más.
En resumen, la encuesta de Guarumo posiciona a Federico Gutiérrez como el segundo alcalde más popular, pero este “éxito” huele a artificio. Con una ciudad que acumula aumentos en homicidios (5-7% anual), hurtos rampantes y una infraestructura educativa que aún arrastra rezagos pese a los fondos heredados, la pregunta es inevitable: ¿de qué sirve un segundo lugar si la realidad diaria de los medellinenses es de inseguridad y negligencia? Ni toda la pauta pagada ha podido enmascarar estas falencias lo suficiente para llegar al primero. Es hora de que los líderes prioricen acciones concretas sobre campañas de imagen; de lo contrario, las encuestas seguirán siendo solo eso: números inflados en un podio de ilusiones.



