Un cambio silencioso pero profundo se está consolidando en Colombia. Más de 12.000 niños y niñas están recibiendo alimentos gracias a un modelo de compras directas a campesinos, impulsado por el ICBF.
La estrategia no solo garantiza alimentación para la niñez, sino que también fortalece la economía rural al vincular directamente a familias campesinas como proveedoras del Estado, eliminando intermediarios y mejorando sus ingresos.
Un modelo que beneficia a dos sectores clave
El impacto es doble. Por un lado, miles de niños acceden a alimentos frescos, locales y con mayor valor nutricional. Por otro, productores campesinos encuentran un mercado estable, lo que reduce la incertidumbre económica en el campo.
Este esquema ya ha permitido la participación de cientos de familias campesinas organizadas, que ahora suministran productos directamente a programas de alimentación infantil en distintas regiones del país, incluyendo zonas como Cesar y La Guajira.
De la intermediación a la compra directa
Durante años, la provisión de alimentos para programas sociales estuvo marcada por cadenas largas de intermediación. Este nuevo modelo rompe esa lógica al priorizar la compra directa, lo que implica:
- Mejores precios para los campesinos
- Reducción de costos logísticos innecesarios
- Mayor frescura y calidad en los alimentos
- Dinamización de economías locales
En la práctica, esto significa que los recursos públicos se quedan en el territorio, fortaleciendo la producción local.
Impacto en territorios históricamente vulnerables
En regiones como La Guajira, donde la inseguridad alimentaria ha sido una problemática estructural, esta estrategia adquiere un valor aún mayor. No solo se atiende la nutrición infantil, sino que se impulsa la producción campesina en zonas que históricamente han sido marginadas.
Un cambio de enfoque en la política social
Más allá de las cifras, el modelo representa un cambio en la forma de entender la política pública: ya no se trata solo de asistir, sino de integrar producción, economía local y bienestar social.
Se pasa de un esquema asistencialista a uno que articula campo y ciudad, donde el campesino deja de ser un actor invisible y se convierte en protagonista del sistema de abastecimiento.



