Durante la campaña fueron identificadas casi 1.900 cuentas con comportamientos anómalos que favorecían a De la Espriella. Ahora, desde el poder, Presidencia busca una herramienta para conocer en tiempo real la conversación digital sobre el mandatario y su Gobierno.
La maquinaria digital que acompañó el ascenso de Abelardo de la Espriella podría entrar en una nueva etapa desde la Casa de Nariño. Presidencia inició el proceso para adquirir un software que permitirá rastrear millones de contenidos y medir en tiempo real qué se dice del presidente y su Gobierno en redes sociales, medios y plataformas digitales. El propio estratega de su campaña, Carlos Suárez, reconoció que este tipo de mediciones fue utilizado durante las elecciones para observar el comportamiento de los votantes y ajustar la estrategia.
El antecedente es relevante. Una investigación de La Silla Vacía, republicada por Chequeado, identificó durante la campaña 2.300 cuentas agrupadas en 22 comunidades con comportamientos anómalos alrededor de los principales candidatos. Las dos comunidades más grandes favorecían a De la Espriella y atacaban a sus rivales: reunían 1.730 cuentas y produjeron 5.380 comentarios. En un universo más amplio, la investigación encontró 1.894 cuentas asociadas a patrones de coordinación favorables al entonces candidato.
Un sistema capaz de detectar rápidamente dónde surge una crítica, qué narrativa está creciendo y cómo cambia la percepción ciudadana puede servir legítimamente para comunicaciones institucionales. Pero, en un ecosistema donde ya fueron documentadas redes coordinadas de amplificación política, también resulta necesario establecer barreras que impidan que información obtenida con recursos públicos termine utilizada para propaganda partidista o para alimentar operaciones coordinadas contra críticos y opositores.
Los investigadores encontraron repetición sistemática de mensajes, publicaciones realizadas en intervalos muy cercanos, propaganda replicada de manera coordinada y cuentas que difundían contenidos de campaña generados con inteligencia artificial. También advirtieron algo fundamental: identificar una red coordinada no permite establecer automáticamente quién la controla. Las plataformas no ofrecen suficiente información para determinar si detrás están directamente las campañas, contratistas, organizaciones políticas o terceros.
A esto se sumaron durante la campaña denuncias sobre supuestas granjas de bots operadas desde Brasil para favorecer a De la Espriella y alterar algoritmos. El entonces presidente Gustavo Petro pidió al CNE investigar esos señalamientos. Sin embargo, esas denuncias no equivalen a una comprobación de que la campaña hubiera contratado o controlado esas estructuras.
Ahora aparece una pieza nueva: Presidencia quiere tener un radar propio de la conversación digital. Según Cambio, el Gobierno busca una herramienta que permita seguir redes, medios y plataformas y detectar en tiempo real cambios de percepción y posibles crisis alrededor de De la Espriella y su administración. La contratación todavía está en proceso.
¿Para qué utilizará el Gobierno esa vigilancia y el conocimiento? Un sistema capaz de detectar rápidamente dónde surge una crítica, qué narrativa está creciendo y cómo cambia la percepción ciudadana puede servir legítimamente para comunicaciones institucionales. Pero, en un ecosistema donde ya fueron documentadas redes coordinadas de amplificación política, también resulta necesario establecer barreras que impidan que información obtenida con recursos públicos termine utilizada para propaganda partidista o para alimentar operaciones coordinadas contra críticos y opositores.





