La llamada Gran Consulta por Colombia, mecanismo con el que sectores de derecha y centro-derecha buscan elegir una candidatura única, está dejando más dudas que certezas. Lejos de consolidar un liderazgo fuerte, el proceso ha evidenciado tensiones internas, disputas de protagonismo y una preocupante falta de narrativa común.
Figuras históricas del uribismo como Paloma Valencia, la periodista y precandidata Vicky Dávila y el abogado Abelardo de la Espriella no han logrado generar consensos amplios dentro del espectro conservador. Por el contrario, sus aspiraciones parecen competir más entre sí que articular una propuesta colectiva de país.
Más egos que proyecto político
El problema no es solo de nombres, sino de fondo.
Mientras se esperaba que la consulta definiera una hoja de ruta clara frente a temas como seguridad, economía o política social, el debate ha girado en torno a fórmulas, alianzas tácticas y cálculos electorales.
Al interior del Centro Democrático, partido fundado por Álvaro Uribe Vélez, también se perciben movimientos estratégicos que reflejan preocupación por mantener relevancia parlamentaria más que por renovar liderazgo. La falta de una figura indiscutida que unifique el discurso deja a la derecha en una competencia interna que erosiona su fuerza frente al electorado.
Fragmentación que debilita la narrativa
La derecha colombiana históricamente se cohesionó alrededor de una identidad fuerte: seguridad, autoridad y liderazgo centralizado. Hoy, en cambio, enfrenta:
- Dispersión de candidaturas sin una figura dominante.
- Mensajes contradictorios entre sectores más radicales y sectores moderados.
- Dificultad para diferenciarse estratégicamente más allá de la oposición al Gobierno actual.
La llamada Gran Consulta por Colombia pretendía ser un mecanismo de orden; sin embargo, la percepción pública comienza a inclinarse hacia la idea de improvisación y competencia descoordinada.
¿Crisis coyuntural o agotamiento estructural?
La fragmentación no necesariamente implica derrota electoral, pero sí revela un desafío profundo:
¿Existe hoy un proyecto ideológico renovado que vaya más allá de las figuras tradicionales?
Sin un liderazgo claro que sintetice visión económica, agenda social y discurso político coherente, la consulta corre el riesgo de convertirse en un escenario de disputas personales más que en un ejercicio de construcción programática.



