El Gobierno Petro ordena las cuentas del combustible y activa una reducción real y sostenible.

Desde el 1° de febrero, el precio de la gasolina corriente en Colombia registra una reducción de $500 pesos por galón, anunció el Ministro de Minas y Energía, Edwin Palma Egea, en Barranquilla. Esta disminución se da tras el avance en el pago de la deuda que la nación mantenía con los comercializadores de combustibles por el diferencial del IPC frente al mercado internacional.

¿Por qué subió antes el precio?

Durante los últimos meses de 2024 y principios de 2025, el precio del galón de gasolina en Colombia había mostrado presión al alza debido a un desequilibrio entre el mercado interno y los precios referenciales internacionales, sumado a que el Estado colombiano arrastraba una deuda con distribuidores por cerca de varios billones de pesos generada por ajustes no realizados oportunamente al cálculo del IPC y costos logísticos de importación. Esa deuda implicaba que, aunque el mercado internacional bajara, en Colombia los precios no reflejaban esa disminución.

Qué hizo el Gobierno Petro

La administración del presidente Gustavo Petro priorizó el pago de esa deuda con recursos públicos, lo que permitió:

• Normalizar el diferencial de precios entre el mercado internacional y el interno.

• Eliminar el rezago que impedía trasladar las reducciones globales de precios al bolsillo de los colombianos.

Resultado inmediato:

Desde el 1° de febrero, en promedio la gasolina corriente se empezó a cotizar $500 pesos menos por galón en estaciones del país. Esto significa menos presión sobre los gastos de transporte y movilidad de millones de hogares y sectores productivos.

¿Y ahora qué sigue?

Con la deuda ya en vías de pago y la estructura de costos alineada, el precio de la gasolina comenzará a bajar progresivamente conforme se reflejen:

• Las caídas de precios del crudo y combustibles terminados en los mercados internacionales.

• La estabilización del diferencial cambiario.

• Y la reducción de costos logísticos y financieros por el saneamiento del mercado.

En otras palabras: ya no hay “rezago acumulado” que impida a los colombianos beneficiarse de los precios globales más bajos.

Esto representa un alivio directo para el bolsillo popular, para el transporte público, para las familias y para las cadenas productivas que dependen del combustible.