Seguridad en discusión: señalan inconsistencias entre el tono de Fico y los retos estructurales de Medellín

El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, volvió a subir el tono tras reunirse con el ministro de Defensa: “Necesitamos guarapazos, no tarimazos”. Una frase diseñada para proyectar firmeza frente al crimen.

El problema no es la contundencia. El problema es la coherencia.

Porque mientras el alcalde insiste en un discurso de confrontación —que muchas veces termina señalando universidades públicas, protesta social o sectores críticos— en la ciudad persisten estructuras criminales que operan con enorme rentabilidad: redes de trata de personas, explotación sexual de menores y un turismo sexual que afecta gravemente la imagen y la dignidad de Medellín.

El antecedente que no se puede borrar

Cuando Fico habla de autoridad moral en seguridad, la ciudadanía recuerda un episodio imposible de ignorar: durante su primera administración, su secretario de Seguridad, Gustavo Villegas, fue capturado y posteriormente condenado por hechos relacionados con contactos indebidos con estructuras criminales.

Ese caso no fue menor. Golpeó directamente el corazón del modelo de seguridad que hoy vuelve a venderse como ejemplo de firmeza.

La pregunta es inevitable:

¿cómo exigir “guarapazos” cuando el mayor escándalo de seguridad ocurrió dentro de su propio equipo?

Seguridad no es espectáculo

Medellín enfrenta una realidad compleja. El crecimiento del turismo sexual, las denuncias constantes de explotación de menores y la presencia de extranjeros involucrados en delitos sexuales no se resuelven con frases de micrófono.

Se requiere:

  • Inteligencia articulada.
  • Investigación estructural.
  • Control real sobre economías ilegales.
  • Protección efectiva a las víctimas.

Pero el discurso parece enfocarse más en confrontaciones políticas que en una estrategia integral.

¿Mano dura para quién?

La seguridad no puede ser selectiva.

Si hay “guarapazos”, deben ser contra todas las mafias, sin importar el costo político o económico.

Porque de lo contrario, la frase termina siendo solo eso: un eslogan potente que suena bien en rueda de prensa, pero no transforma la realidad de los barrios.

Y Medellín ya está cansada de discursos fuertes con resultados débiles.

La ciudad necesita menos show y más coherencia.

Menos frases virales y más decisiones estructurales.