Antidisturbios, escudos y una tanqueta frente al Museo Nacional de Colombia: esa fue la respuesta de las autoridades ante una manifestación convocada para rechazar el retiro de piezas de memoria histórica. La imagen es indignante y abre serios cuestionamientos sobre el respeto al derecho a la protesta.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella convirtió los alrededores del Museo Nacional de Colombia en un escenario de intimidante presencia policial. Este sábado 17 de octubre, antes de una protesta ciudadana por la defensa de la memoria histórica, agentes antidisturbios y una tanqueta fueron ubicados frente a uno de los espacios culturales más importantes del país.
Militarizar el entorno de un museo ante una convocatoria de protesta es una respuesta desproporcionada que merece un rechazo contundente. Los ciudadanos estaban convocados a manifestarse por las decisiones sobre las exposiciones del recinto, no a enfrentarse con la fuerza pública. La presencia de policías con cascos, escudos y equipos antidisturbios proyectó una imagen que resulta difícil de conciliar con el deber estatal de garantizar la expresión pacífica del desacuerdo y más cuando se trata de parte innegable de la historia nacional.
Una tanqueta frente al museo, mientras la ciudadanía reclama respeto por la memoria
El plantón estaba convocado para las 12:30 de la tarde como respuesta al retiro de aproximadamente 30 piezas relacionadas con la memoria histórica y otros contenidos de las exposiciones del Museo Nacional.
En lugar de ofrecer explicaciones suficientes sobre las decisiones culturales cuestionadas, las autoridades recibieron la jornada con un dispositivo policial de alto impacto visual. Proteger los bienes públicos es una obligación del Estado. Pero la existencia de una convocatoria ciudadana no constituye, por sí misma, una amenaza que justifique tratar a los manifestantes como potenciales enemigos.
Un mensaje preocupante para quienes defienden la memoria histórica
La controversia se produce en medio del rechazo al Gobierno por las modificaciones en las exposiciones del Museo Nacional, particularmente por el retiro de piezas vinculadas con la historia reciente del país.
El Museo Nacional debe ser un lugar donde se pueda discutir el pasado, reconocer a las víctimas y confrontar las distintas interpretaciones de la historia. Rodearlo de dispositivos antidisturbios antes de una manifestación envía un mensaje intimidante, independientemente de cuál haya sido la intención declarada de las autoridades.
Un país que pretende construir memoria histórica no puede normalizar la imagen de una tanqueta frente a su Museo Nacional cada vez que la ciudadanía sale a cuestionar al poder. La protesta es un derecho constitucional, no una amenaza que deba responderse con una demostración de fuerza.





