Colombia solo le importa cuando hay elecciones

Un nuevo cruce en redes volvió a poner sobre la mesa una crítica que no es nueva. El representante Alejo Toro respondió a Ingrid Betancourt señalando que “nadie amó tanto a Colombia tres meses cada cuatro años como usted”, una frase que sintetiza una percepción ampliamente extendida: Betancourt solo aparece en el país cuando hay campañas electorales.

No se trata de un comentario aislado ni de una simple provocación en redes. Es una crítica que se sostiene al revisar su comportamiento político en los últimos años.

Apariciones estrictamente electorales

Tras su liberación en 2008, Betancourt fijó su residencia fuera del país, principalmente en Francia. Desde entonces, su presencia pública y política en Colombia ha sido intermitente y casi exclusivamente asociada a coyunturas electorales.

Regresó para aspirar a la Presidencia en 2022, volvió a ocupar titulares durante debates y entrevistas en plena campaña, y una vez terminado el proceso electoral, desapareció nuevamente del escenario político cotidiano del país. No ha liderado procesos sociales permanentes, no mantiene una agenda territorial constante ni participa de manera sostenida en discusiones legislativas o comunitarias.

En términos prácticos, su vínculo con Colombia se activa cuando hay votos en disputa y se diluye cuando termina la contienda.

Críticas al país desde la distancia

A esto se suma un historial de declaraciones polémicas. Betancourt ha lanzado ataques directos contra el actual presidente Gustavo Petro, incluyendo señalamientos personales y descalificaciones políticas que han sido ampliamente cuestionadas.

Entre ellas, se recuerdan sus comentarios sobre la salud mental del presidente, realizados en medios y redes, así como afirmaciones en las que sugiere que Colombia es un país inviable o inseguro para ella, mientras mantiene su residencia en el exterior. Estas posturas han reforzado la percepción de una dirigente desconectada de la realidad cotidiana que viven millones de colombianos.

¿Campaña como negocio político?

Otro punto que alimenta la crítica es el funcionamiento de la financiación electoral en Colombia. La ley permite la reposición de gastos de campaña a través de recursos públicos, siempre que se cumplan ciertos umbrales de votación y requisitos ante el Consejo Nacional Electoral.

Esto significa que una candidatura presidencial no es únicamente un ejercicio simbólico: puede implicar la recuperación parcial de recursos invertidos, acceso a anticipos y visibilidad política, incluso sin posibilidades reales de llegar al poder.

En ese contexto, muchos ciudadanos cuestionan si Betancourt compite para gobernar o si utiliza las campañas como plataforma periódica de posicionamiento personal y político, sin un compromiso sostenido con el país entre una elección y otra.

Una crítica que no nace del odio, sino de los hechos

Decir que Ingrid Betancourt aparece solo en épocas de campaña no es una exageración retórica, sino una conclusión basada en su historial reciente. No hay evidencia de una presencia política constante, ni de trabajo territorial prolongado, ni de construcción colectiva más allá del calendario electoral.

Colombia no necesita liderazgos intermitentes ni figuras que regresan solo cuando hay micrófonos, debates y tarjetones. La política no puede ejercerse como una visita ocasional ni como un trámite cada cuatro años.

La pregunta queda abierta para la ciudadanía:

¿Se puede hablar de amor por el país cuando solo se aparece en elecciones y se gobierna la opinión pública desde el exterior?