La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) decidió expulsar a Mauricio Santoyo, exgeneral de la Policía y exjefe de seguridad del expresidente Álvaro Uribe Vélez, al considerar que no cumplió con los compromisos de verdad exigidos por el sistema de justicia transicional.
Según la decisión, Santoyo no aportó información suficiente, clara ni verificable sobre hechos relacionados con desapariciones forzadas, estructuras paramilitares y graves violaciones a los derechos humanos ocurridas durante los años más violentos del conflicto armado en Colombia.
La medida representa un golpe político y simbólico para sectores de la derecha que durante años defendieron a figuras vinculadas al aparato de seguridad estatal mientras miles de víctimas reclamaban justicia y verdad.
Santoyo fue uno de los hombres más cercanos al círculo de seguridad del expresidente Uribe y además terminó condenado en Estados Unidos por colaborar con grupos paramilitares y narcotraficantes. Su historial judicial ha sido uno de los episodios más delicados para el uribismo, especialmente por las denuncias sobre infiltración paramilitar dentro de instituciones del Estado.
La JEP señaló que el compareciente incumplió el régimen de condicionalidad, es decir, no mostró un compromiso real con el esclarecimiento de los hechos. En la práctica, esto significa que pierde los beneficios de la justicia transicional y su caso podría volver a la justicia ordinaria.
La decisión vuelve a abrir el debate nacional sobre la responsabilidad de altos funcionarios y sectores políticos durante los años del paramilitarismo en Colombia. También revive las críticas contra quienes intentan desacreditar la JEP mientras esta continúa destapando verdades incómodas sobre alianzas entre poder político, fuerzas armadas y estructuras criminales.
Mientras algunos sectores de derecha insisten en atacar el Sistema Integral de Paz, la JEP sigue avanzando en la reconstrucción de la verdad histórica y en el reconocimiento de las víctimas, muchas de ellas abandonadas durante décadas por el establecimiento político tradicional.
Para organizaciones de derechos humanos, este caso demuestra que la paz no puede construirse con silencios ni pactos de impunidad. La verdad completa sigue siendo una deuda con miles de familias colombianas que aún buscan a sus desaparecidos.



