El hambre baja y el campo se fortalece: cifras respaldan el cambio

En medio de un panorama global complejo por la inflación y el encarecimiento de los alimentos, Colombia aparece entre los países de América Latina donde el hambre está disminuyendo, según informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El reporte, elaborado junto a organismos como el Programa Mundial de Alimentos y UNICEF, señala que la subalimentación en América Latina bajó del 6,1 % en 2020 al 5,1 % en 2024, lo que significa que alrededor de 6,2 millones de personas dejaron de padecer hambre en la región.

En ese contexto, Colombia se ubica entre los países donde el hambre está por debajo del 5 % de la población, un indicador que refleja una mejora frente a los años posteriores a la pandemia.

Políticas que buscan cambiar el modelo alimentario

Desde la llegada al poder del presidente Gustavo Petro, el gobierno nacional ha impulsado varias políticas para enfrentar el problema estructural del acceso a los alimentos.

Entre ellas destacan:

  • La reforma agraria, que ha permitido avanzar en la entrega de tierras a campesinos para aumentar la producción de alimentos.
  • El fortalecimiento de compras públicas a campesinos, para que programas sociales compren directamente a productores locales.
  • Programas de alimentación escolar ampliados, que buscan garantizar comida diaria a millones de niños y niñas.

Estas medidas buscan reducir la dependencia de alimentos importados y fortalecer la producción campesina, una de las apuestas centrales del actual gobierno.

Aún hay retos, pero la tendencia cambia

Aunque los avances son reconocidos por organismos internacionales, el desafío sigue siendo grande. En Colombia alrededor de 13 millones de personas todavía enfrentan inseguridad alimentaria moderada o grave, especialmente en zonas rurales y territorios afectados por la violencia.

Sin embargo, la tendencia regional y los indicadores recientes muestran un cambio importante: el hambre comienza a retroceder después de los picos registrados durante la pandemia.

En un país históricamente marcado por la desigualdad en el acceso a la tierra y los alimentos, los datos empiezan a reflejar que las políticas orientadas a fortalecer el campo y la producción nacional pueden tener impacto directo en la mesa de millones de familias.