la apuesta rural del Gobierno Petro empieza a sentirse

El precio interno de referencia del café colombiano volvió a ubicarse por encima de los $2.650.000 la carga de 125 kilos de café pergamino seco, según la Federación Nacional de Cafeteros. Una cifra que, más allá de la coyuntura del mercado internacional, tiene un impacto directo en la vida de más de 500.000 familias cafeteras del país.

En comparación con años recientes, este nivel de precios representa una recuperación significativa del ingreso rural. Para ponerlo en contexto:

  • Entre 2018 y 2020, durante gobiernos anteriores, el precio de la carga osciló entre $700.000 y $900.000, llevando a miles de caficultores a endeudarse o abandonar el cultivo.
  • Hoy, con precios que triplican esos valores, el café vuelve a ser un sustento viable y no una condena a la pobreza.

Este comportamiento favorable no es casualidad. Hace parte de una política clara del Gobierno del Cambio: fortalecer el campo, proteger al pequeño productor y devolverle dignidad económica a quienes sostienen la soberanía alimentaria del país. La apuesta de Gustavo Petro por una economía productiva y no extractivista ha puesto al agro —y al campesinado— en el centro de la agenda nacional.

Además, las medidas de alivio a deudas, el impulso a la asociatividad campesina, el acceso a crédito público y la priorización del campo en el Plan Nacional de Desarrollo permiten que estos precios se traduzcan en bienestar real, y no solo en ganancias para intermediarios.

En un país donde el conflicto armado nació del abandono rural, cada peso que entra al bolsillo del caficultor es también una inversión en paz, arraigo y justicia social. El café no solo es exportación: es escuela, comida, empleo local y permanencia en el territorio.

Mientras algunos sectores insisten en sabotear cualquier avance del Gobierno Petro, el campo empieza a mostrar que cuando se gobierna para la gente, la economía sí puede mejorar desde abajo.

La pregunta es clara:

¿Vamos a defender un modelo que fortalece al campesinado o volver al abandono rural que enriqueció a unos pocos y empobreció a millones?