El gobierno de Gustavo Petro termina con mejores indicadores sociales y laborales que los que recibió, mientras las advertencias sobre un supuesto colapso económico nunca se materializaron.
Durante la campaña presidencial de 2022 y a lo largo de estos cuatro años, uno de los argumentos más repetidos por la oposición fue que Colombia terminaría convertida en “otra Venezuela” o “otra Cuba” si Gustavo Petro llegaba a la Presidencia. El mensaje se convirtió en una constante en debates, redes sociales y discursos políticos.
Sin embargo, al cierre del mandato, ese escenario no ocurrió.
Lejos de un colapso económico como el que se anunciaba, Colombia mantiene una economía en funcionamiento, instituciones democráticas, alternancia en el poder y varios indicadores sociales que mejoraron respecto a 2022, aunque persisten desafíos importantes en materia fiscal e inversión.
Entre los datos más destacados está el mercado laboral. El país cierra el gobierno con una tasa de desempleo cercana al 8,8 %, la más baja en varias décadas, después de haber creado más de 600.000 empleos durante el periodo.
La pobreza monetaria también registró una reducción histórica. Según las cifras más recientes, cayó hasta 28 %, el nivel más bajo desde que existe la medición comparable, lo que significa que alrededor de 1,8 millones de personas dejaron de estar en condición de pobreza durante el último año del gobierno. Asimismo, la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, también disminuyó.
En materia de inflación, otro de los principales temores económicos, el país pasó de recibir un índice superior al 10 % en 2022 a niveles cercanos al 6 % al finalizar el gobierno, reduciendo considerablemente la presión sobre el costo de vida, aunque todavía por encima de la meta del Banco de la República.
El crecimiento económico tampoco desapareció. Aunque fue moderado frente a otros periodos históricos, Colombia evitó una recesión y mantuvo cifras positivas de crecimiento, apoyadas por el consumo, el empleo y algunos sectores como el turismo y la agricultura.
Esto no significa que el balance esté exento de críticas. Diversos analistas advierten que el próximo gobierno recibirá importantes retos fiscales, un déficit elevado y una menor inversión privada, aspectos que deberán enfrentarse en los próximos años.
Lo que sí muestran los datos es que las predicciones más extremas que dominaron buena parte del debate político —como la desaparición de la propiedad privada, el desabastecimiento generalizado, la hiperinflación o la conversión de Colombia en un régimen similar al de Cuba o Venezuela— no se materializaron.
Cuatro años después, el país cambia nuevamente de gobierno mediante elecciones, conserva sus instituciones democráticas y entrega indicadores laborales y sociales que, en varios frentes, son mejores que los existentes al inicio del mandato. El debate sobre el legado económico y social de Gustavo Petro seguirá abierto, pero las cifras disponibles muestran una realidad distinta a la que durante años anunciaron quienes aseguraban que Colombia terminaría convertida en “otra Venezuela”.



