Durante décadas, las mujeres campesinas sostuvieron el campo colombiano sin tierra propia, sin títulos y sin derechos reconocidos. Hoy, esa realidad empieza a cambiar.
El Gobierno del presidente Gustavo Petro, a través de la Agencia Nacional de Tierras, ha entregado y formalizado más de 112.000 hectáreas de tierra a mujeres rurales en todo el país, marcando un hito histórico en la reforma agraria con enfoque de género.
Las cifras del cambio
- Más de 112.000 hectáreas adjudicadas o formalizadas a nombre de mujeres.
- Miles de mujeres campesinas, madres cabeza de hogar, indígenas y afrodescendientes ahora son propietarias legales de la tierra que trabajan.
- La política prioriza zonas históricamente golpeadas por el conflicto armado y la desigualdad rural.
¿Por qué esto sí transforma vidas?
Tener tierra a nombre propio no es solo un papel:
- Permite acceder a créditos rurales, proyectos productivos y asistencia técnica.
- Reduce la dependencia económica y la violencia patrimonial.
- Garantiza seguridad alimentaria para familias y comunidades enteras.
- Reconoce a las mujeres como sujetas políticas y productivas del campo, no como “ayuda” ni acompañantes.
Antes, muchas trabajaban la tierra que legalmente no les pertenecía.
Hoy, pueden decidir qué sembrar, cómo producir y cómo sostener a sus familias.
Un giro frente al modelo anterior
Mientras gobiernos pasados profundizaron la concentración de la tierra y excluyeron a las mujeres del acceso real a la propiedad rural, el Gobierno Petro rompe con décadas de desigualdad estructural, incorporando el enfoque de género como eje central de la Reforma Agraria.
Esta no es una promesa: es tierra entregada, titulada y reconocida.
La tierra también es para ellas
La justicia social empieza donde históricamente se negó:
en el campo, en los cuerpos de las mujeres y en su derecho a decidir.
La Reforma Agraria del Gobierno Petro no solo redistribuye tierra: redistribuye poder.



