El presidente Gustavo Petro logró mantener el salario vital en 2 millones de pesos, consolidando una de las principales apuestas sociales de su gobierno para dignificar las condiciones de vida de la clase trabajadora en el país. La decisión se dio pese a presiones de sectores empresariales, demandas impulsadas por congresistas de oposición y advertencias económicas que buscaban frenar la medida.
El Gobierno defendió que el monto responde a estudios técnicos y referencias internacionales sobre salario digno. De acuerdo con análisis de organismos laborales y centros de investigación económica, una persona en Colombia necesita entre 1,8 y 2,2 millones de pesos mensuales para cubrir gastos básicos como arriendo, alimentación, transporte, servicios públicos y salud sin caer en pobreza o endeudamiento.
Por eso, el concepto de salario vital no solo apunta al mínimo legal, sino al ingreso real necesario para garantizar condiciones dignas de vida. Según el Ejecutivo, durante décadas el salario mínimo estuvo desconectado del costo real de vivir, lo que provocó que millones de trabajadores siguieran siendo pobres aun teniendo empleo formal.
El Gobierno también destacó que esta medida ha tenido impactos en sectores específicos. Por ejemplo:
- Soldados profesionales y personal de base han visto mejoras en su capacidad adquisitiva, reduciendo brechas históricas en ingresos dentro de la fuerza pública.
- Estudiantes de medicina en internado y jóvenes en formación clínica, que reciben apoyos económicos, se benefician al acercarse sus ingresos a un nivel considerado digno.
- Trabajadores formales de ingresos bajos han logrado mayor capacidad de consumo, lo que impulsa la economía interna.
Desde la Casa de Nariño se señaló que mantener el salario vital en ese nivel representa una victoria de la clase obrera y un paso concreto hacia la justicia social, al priorizar el bienestar de los hogares frente a los intereses tradicionales de contención salarial.
El presidente reiteró que el objetivo de fondo es cambiar el modelo económico para que trabajar sí permita vivir con dignidad y reducir las profundas brechas de desigualdad que históricamente han marcado al país.



