El futuro del Páramo de Santurbán volvió a encender las alarmas en Colombia. Organizaciones ambientalistas, encabezadas por el Comité Santurbán, denunciaron que las recientes declaraciones del ministro de Ambiente designado por el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella podrían abrir la puerta a proyectos de minería industrial en una de las reservas de agua más importantes del país.
La preocupación surgió luego de que el nuevo ministro planteara la posibilidad de evaluar esquemas de formalización minera con participación de la multinacional Aris Mining (antes Minesa), empresa que durante años ha intentado desarrollar el proyecto Soto Norte y cuya iniciativa ha sido objeto de fuertes cuestionamientos ambientales.
Frente a este escenario, el presidente Gustavo Petro fue contundente. El mandatario afirmó que cualquier explotación de oro entre el páramo y las bocatomas que abastecen el acueducto de Bucaramanga pone en riesgo la calidad del agua, y advirtió que, si se intenta avanzar en ese camino, acompañará la defensa del territorio y de las comunidades.
La discusión va mucho más allá de la minería. Santurbán es un ecosistema estratégico que abastece de agua a decenas de municipios de Santander y Norte de Santander. Los páramos funcionan como grandes fábricas naturales de agua: captan la humedad, regulan el ciclo hídrico y alimentan ríos, quebradas y acueductos de los que dependen millones de personas. Sin ellos, el abastecimiento de agua potable, la agricultura y gran parte de la biodiversidad quedarían gravemente comprometidos.
Los movimientos ambientales insisten en que diversos estudios técnicos han advertido que desarrollar minería por encima de las captaciones del acueducto de Bucaramanga es inviable debido al riesgo de contaminación de las fuentes hídricas. Por ello, hicieron un llamado a utilizar todas las herramientas jurídicas y la movilización ciudadana para impedir cualquier proyecto que comprometa la integridad del páramo.
En los últimos años, el Gobierno Petro ha impulsado una política que pone el agua y la protección de los ecosistemas estratégicos en el centro de la agenda ambiental, defendiendo la idea de que la riqueza de Colombia no puede medirse únicamente por los minerales que extrae, sino por la capacidad de conservar sus fuentes de vida.
Porque, al final, el debate es sencillo: el oro puede generar ganancias; el agua hace posible la vida. Ningún beneficio económico puede reemplazar un páramo contaminado ni garantizar el derecho al agua de las generaciones presentes y futuras. Proteger Santurbán no es solo una causa ambiental; es una decisión sobre el futuro del país.



