La campaña presidencial colombiana volvió a abrir un debate incómodo para la derecha: la discriminación contra las personas LGBTIQ+ en la política.
El economista y exdirector del DANE Juan Daniel Oviedo, hoy fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia, ha quedado en el centro de la polémica tras varias declaraciones y episodios que evidencian las contradicciones dentro del propio bloque conservador.
Oviedo es uno de los pocos políticos abiertamente homosexuales en aspirar a la Vicepresidencia de Colombia. Vive desde hace más de 14 años con su pareja, el diseñador Sebastián Reyes, con quien comparte vida y proyectos sociales en Bogotá.
Sin embargo, su presencia dentro de una coalición conservadora ha destapado tensiones internas que van desde comentarios homofóbicos hasta diferencias ideológicas profundas.
Burlas y comentarios homofóbicos en plena campaña
El primer episodio ocurrió cuando el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella se burló públicamente de Oviedo durante una entrevista.
En el video viral, De la Espriella imitó la voz del economista y afirmó que hay cosas de él que “no le gustan” y que “está jodido que las arregle”, en una clara referencia a su orientación sexual.
Las declaraciones generaron rechazo incluso dentro de sectores de la misma derecha, que se vieron obligados a salir a defender a Oviedo frente a lo que muchos calificaron como comentarios homofóbicos.
La contradicción dentro de su propia fórmula
Pero la tensión no solo viene de otros candidatos.
Dentro de la propia campaña conservadora existen posiciones profundamente distintas sobre derechos LGBTIQ+. La candidata Paloma Valencia, líder del uribismo, ha reiterado su defensa del modelo de familia tradicional y su cercanía ideológica con sectores que rechazan la adopción por parejas del mismo sexo.
Esa postura contrasta con la figura de Oviedo, quien representa justamente a una población históricamente excluida de esos derechos y que ahora aparece como rostro de diversidad dentro de un proyecto político conservador.
La alianza entre ambos se confirmó tras las consultas interpartidistas de marzo, donde Valencia obtuvo más de 3,2 millones de votos y Oviedo más de 1,2 millones, lo que llevó a la derecha a unir fuerzas para enfrentar las elecciones presidenciales.
Una apuesta arriesgada para la derecha
La fórmula Valencia-Oviedo ha sido vista por analistas como un intento de la derecha de ampliar su base electoral hacia votantes urbanos y moderados.
Sin embargo, también ha provocado incomodidad en sectores conservadores más duros, que no ven con buenos ojos que un candidato abiertamente gay represente al bloque político.
La paradoja es evidente: mientras algunos líderes de ese mismo sector defienden agendas restrictivas frente a los derechos LGBTIQ+, el candidato a la Vicepresidencia que los acompaña se ha convertido en blanco de ataques por su orientación sexual.
La pregunta que queda en el aire
El episodio deja una discusión abierta en la política colombiana:
¿Puede una coalición conservadora que cuestiona derechos de las familias diversas presentar como símbolo de inclusión a un candidato abiertamente gay?
Para muchos analistas, el caso de Oviedo refleja una tensión profunda dentro de la derecha colombiana: intentar mostrarse moderna y plural, mientras una parte importante de su base política sigue anclada en posiciones abiertamente excluyentes.



