La política migratoria de Estados Unidos vuelve a estar en el centro de la polémica tras la muerte del colombiano Joan Sebastián Durán Guerrero, de 26 años, quien fue abatido por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) durante un operativo en Biddeford, estado de Maine. Según información conocida hasta el momento, el joven no era el objetivo de la intervención.
De acuerdo con testigos y organizaciones de defensa de migrantes, Durán Guerrero contaba con permiso de trabajo y número de seguro social en Estados Unidos. Vivía junto a su esposa y su hija de tres años, quien habría presenciado el momento en que su padre recibió los disparos. Algunos testigos aseguran que sus últimas palabras fueron: “Traté de parar”, contradiciendo la versión inicial de las autoridades sobre una supuesta amenaza contra los agentes.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostuvo que el agente disparó alegando preocupación por la seguridad pública durante el intento de interceptar un vehículo. Sin embargo, posteriormente trascendió que el colombiano no era la persona que buscaban las autoridades migratorias, lo que intensificó las críticas sobre la forma en que se desarrolló el operativo.
La gobernadora de Maine, Janet Mills, calificó el hecho como “aún más inquietante e indignante” si se confirma que la víctima no era el objetivo de la operación. El FBI abrió una investigación y la Embajada de Colombia en Estados Unidos solicitó explicaciones formales al Gobierno estadounidense, además de brindar acompañamiento consular a la familia del joven.
La muerte de Joan Sebastián Durán Guerrero ha provocado manifestaciones en Maine y reavivó el debate sobre los procedimientos del ICE y el uso de la fuerza en operativos migratorios, especialmente porque, según diversos reportes, los agentes involucrados no portaban cámaras corporales.



