Tolima arde y las comunidades siguen esperando respuestas del Gobierno

El Tolima continúa enfrentando una grave emergencia por los incendios forestales que avanzan por diferentes municipios del departamento, consumiendo miles de hectáreas de cobertura vegetal y poniendo en riesgo a comunidades rurales, cultivos, animales y ecosistemas.

Mientras las llamas avanzan, campesinos y habitantes de las zonas afectadas denuncian que la respuesta institucional no ha estado a la altura de la magnitud de la emergencia. Comunidades enteras han tenido que enfrentar el fuego con sus propios recursos, mientras crece la preocupación por la falta de atención oportuna y suficiente.

La situación ha golpeado especialmente a municipios como Ortega, San Luis, Guamo, Valle de San Juan, Chaparral, Coyaima y Alvarado, donde las altas temperaturas, los fuertes vientos y la sequedad de la vegetación han favorecido la propagación de los incendios.

Más de 2.000 hectáreas ya habían sido reportadas como afectadas en el departamento, una cifra que refleja apenas una parte de la dimensión del desastre ambiental que atraviesa el territorio.

Pero detrás de cada hectárea quemada hay mucho más que una cifra: hay familias que pierden cultivos, animales, fuentes de agua y años de trabajo. Hay campesinos que ven cómo el fuego se acerca a sus viviendas y comunidades que, una vez más, sienten que deben resolver por sus propios medios una emergencia que debería contar con una respuesta estatal contundente.

La indignación también crece porque la crisis no apareció de un momento a otro. Los incendios forestales requieren prevención, vigilancia, capacidad de reacción y recursos suficientes para los organismos de socorro. Cuando esas capacidades son insuficientes, el costo termina pagándolo el territorio y, sobre todo, quienes viven de él.

El Tolima necesita más que anuncios y respuestas tardías. Necesita equipos, personal, recursos, atención a las familias afectadas y una estrategia seria para contener los incendios y evitar que la tragedia siga creciendo.

Porque mientras desde los escritorios se habla de cifras y reportes, en el campo hay comunidades respirando humo, protegiendo sus viviendas y tratando de salvar lo poco que el fuego todavía no se ha llevado.

El Tolima está pidiendo ayuda. Y la pregunta que queda sobre la mesa es sencilla: ¿cuánto más tendrá que arder el territorio para que el Gobierno responda a la altura de la emergencia?