Colombia multiplicó por ocho las energías limpias en solo cuatro años

Colombia está viviendo uno de los cambios más importantes en su modelo energético. Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, el país pasó de tener apenas 2% de participación de energías limpias no convencionales a alcanzar el 17%, un crecimiento histórico que evidencia el avance de la transición energética en el país.

Este aumento representa una expansión acelerada de fuentes renovables como la energía solar y eólica, que durante décadas tuvieron una presencia mínima dentro de la matriz energética colombiana dominada principalmente por hidroeléctricas y combustibles fósiles.

Las cifras muestran que al inicio del actual gobierno la generación de energías renovables no convencionales era inferior a 1 GWh diario, mientras que hoy alcanza cerca de 16 GWh por día, consolidando un crecimiento sostenido que refleja la entrada en operación de nuevos proyectos energéticos en diferentes regiones del país.

Este salto no solo representa un cambio técnico en la producción de energía, sino también una apuesta estratégica del gobierno colombiano por reducir la dependencia de combustibles fósiles y avanzar hacia un modelo energético más limpio, sostenible y resiliente frente al cambio climático.

La transición energética ha sido una de las banderas del gobierno de Gustavo Petro, quien ha insistido en la necesidad de que Colombia se convierta en una potencia mundial de la vida, impulsando energías limpias, protección ambiental y desarrollo económico sostenible.

Además del impacto ambiental, el crecimiento de las energías renovables también abre nuevas oportunidades para el desarrollo regional, la generación de empleo y la atracción de inversiones en sectores tecnológicos y energéticos.

El aumento en la participación de estas energías también fortalece la seguridad energética del país, al diversificar las fuentes de generación y reducir la vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos que afectan los sistemas hidroeléctricos.

Para el gobierno nacional, este avance demuestra que la transición energética no es solo un discurso, sino una política pública que ya empieza a mostrar resultados concretos en la transformación del modelo productivo del país.