Tres familias están de luto y varias comunidades exigen respuestas. Entre el 20 de septiembre y el 2 de octubre, tres hombres afrodescendientes murieron en hechos ocurridos durante procedimientos de la Fuerza Pública en Bogotá/Soacha, Cauca y Nariño. Son casos diferentes, con circunstancias todavía bajo investigación, pero la coincidencia temporal vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que no puede ignorarse: ¿qué está pasando con el uso de la fuerza contra las comunidades afrocolombianas?
El primer caso fue el de DONOVAN BALANTA PAZ, de 34 años, padre de dos niñas, trabajador de un laboratorio farmacéutico y estudiante de criminalística. Murió el 20 de septiembre después de un procedimiento policial en el sector de Caracolí, entre Ciudad Bolívar y Soacha. La Policía reconoció que durante la intervención fue utilizado un dispositivo Taser y posteriormente Donovan fue trasladado a una estación. Allí sufrió una afectación de salud y fue llevado a un centro médico, donde murió. Su familia y habitantes del sector han denunciado un posible uso excesivo de la fuerza. Siete uniformados fueron separados temporalmente de sus cargos mientras avanzan las investigaciones.
Siete días después, el 27 de septiembre, murió LUIS ALFREDO CHOCÓ ECHEVERRY, de 28 años, en Villa Rica, Cauca. Era padre de dos niños. Su muerte ocurrió durante un procedimiento policial en el barrio San Fernando y terminó desencadenando versiones completamente distintas sobre lo sucedido. La familia y organizaciones de derechos humanos cuestionan la actuación de los uniformados, mientras que la Policía sostiene que los agentes respondieron a disparos provenientes de un vehículo en el que se movilizaban varias personas. La Fiscalía investiga para establecer las circunstancias exactas en las que Luis Alfredo recibió el disparo.
Y apenas cinco días después, el 2 de octubre, murió KEINER BANGUERA MANCILLA, un joven afrodescendiente de apenas 19 años, en El Charco, Nariño. Organizaciones sociales lo identificaron como líder comunitario y defensor de derechos humanos vinculado a procesos organizativos del Pacífico. Su muerte ocurrió durante un operativo en el que participaron unidades de la Armada y el Ejército.
En este último caso también existen versiones enfrentadas. La versión oficial señala que los militares respondieron a disparos provenientes de una embarcación y que en el operativo fue abatido un presunto integrante de una estructura armada. Organizaciones sociales, por el contrario, sostienen que la persona muerta era Keiner y cuestionan las circunstancias en las que recibió los disparos. La Defensoría del Pueblo pidió que los hechos sean esclarecidos plenamente y que la investigación sea priorizada.
DONOVAN. LUIS ALFREDO. KEINER.
Tres nombres. Tres familias. Tres comunidades afro que hoy están buscando respuestas.
No es responsable afirmar que los tres casos obedecen a una misma conducta o que ya existen responsabilidades penales determinadas. Cada investigación tendrá que establecer qué ocurrió y quiénes son responsables. Pero tampoco puede normalizarse que, en apenas 12 días, tres hombres afrodescendientes hayan muerto en hechos relacionados con procedimientos de la Fuerza Pública.
La pregunta ya no puede ser solamente qué ocurrió en cada operativo. También hay que preguntarse por los protocolos, por el uso proporcional de la fuerza, por los controles internos y externos y por las garantías que tienen las comunidades afrodescendientes frente a la actuación de agentes armados del Estado.
Porque detrás de cada operativo hay una vida.
Y detrás de cada cifra hay una familia esperando verdad.





