Federico Gutiérrez llena sus redes de imágenes de la Medellín que promete construir. Al mismo tiempo, familias salen de sus casas en Manrique, venteros pierden sus espacios y el Concejo vuelve a modificar un presupuesto que había sido presentado como la hoja de ruta de la ciudad.
Federico Gutiérrez tiene una Medellín que luce impecable en redes sociales: el nuevo Atanasio Girardot, parques renovados, grandes corredores urbanos y proyectos que todavía no existen como aparecen en pantalla. Los renders se han convertido en una pieza recurrente de la comunicación de su Alcaldía. Pero el contraste político está en otra parte: mientras Fico promociona la ciudad del futuro, la Medellín de hoy acumula conflictos que no se resuelven con imágenes digitales.
En Manrique, esa diferencia se volvió especialmente cruda. La Alcaldía ordenó evacuar 73 viviendas de El Jardín y San José La Cima, declaradas en alto riesgo por su cercanía a las quebradas La Máquina y La Mansión. Las familias denunciaron incertidumbre sobre qué ocurrirá después de las ayudas temporales. El operativo terminó con viviendas demolidas, protestas y momentos de tensión. Para esas familias, el problema no es cómo se verá Medellín en un render, sino dónde van a vivir.
El contraste también apareció alrededor del Atanasio Girardot. Mientras Gutiérrez promociona imágenes de un estadio convertido en uno de los grandes escenarios de América Latina, 66 venteros históricos denunciaron que debían abandonar sus módulos en medio de las transformaciones del complejo y de la realización del EDC. Es la paradoja de una administración que proyecta espacios públicos espectaculares para el futuro mientras trabajadores que llevan décadas viviendo de esos mismos espacios enfrentan incertidumbre y desalojo en el presente.
Hasta el presupuesto que debía financiar esa Medellín ha necesitado modificaciones. El Concejo aprobó para 2026 un presupuesto de $12,06 billones, que Gutiérrez presentó asegurando que estaban garantizados los recursos para llevar la ciudad “a otro nivel”. Durante este año, sin embargo, el Concejo ha tramitado nuevas adiciones y traslados presupuestales: el Acuerdo 64 de 2026 ya adicionó recursos y efectuó traslados, y en septiembre entró en discusión el Proyecto de Acuerdo 109 para realizar nuevos movimientos presupuestales y adicionar recursos de establecimientos públicos.
Modificar un presupuesto durante su ejecución es un mecanismo legal y habitual; políticamente, el contraste está entre la contundencia con la que se anuncian los planes y una ejecución que sigue requiriendo ajustes.
A esto se suman problemas de seguridad, explotación sexual y convivencia que siguen marcando la agenda. Siguen fenómenos como el hurto, la extorsión, las estructuras criminales ni la explotación sexual que obligó a la propia administración a imponer controles especiales en zonas turísticas. La Medellín real es bastante más compleja que la que cabe en una publicación de X.
El problema aparece cuando la ciudad prometida termina ocupando más espacio político que la ciudad que existe. Entre anuncios del próximo gran estadio y nuevos parques están las familias evacuadas de Manrique, los trabajadores informales que reclaman permanecer en sus lugares de trabajo y un presupuesto sometido a nuevas modificaciones. Fico puede seguir mostrando cómo quisiera que se vea Medellín mañana; los ciudadanos también tienen derecho a preguntarle qué está pasando con la Medellín que tienen que vivir hoy.





