Gustavo Petro utilizó el derecho a réplica del Pacto Histórico para confrontar el relato fiscal de Abelardo de la Espriella. Presupuesto, impuestos, deuda y los recortes a educación, cultura y deporte estuvieron en el centro de su respuesta.
La primera verdad está en el tamaño del presupuesto.
Mientras Espriella culpa a Petro de haber dejado un Estado quebrado por gastar demasiado, su Gobierno llevó al Congreso un presupuesto de $634,9 billones para 2027, cerca de $59 billones por encima del proyecto que había dejado la administración anterior. Incluso frente al presupuesto vigente de 2026, el monto aumenta.
La segunda contradicción señalada por Petro está en la deuda.
Espriella acusa al Gobierno anterior de haber sobreendeudado al país, pero su propio presupuesto contempla una fuerte dependencia del crédito: el Presidente aseguró que $281 billones, equivalentes al 44 % del presupuesto, provendrían de deuda. Petro respondió que no toda esa deuda nació durante sus cuatro años y recordó el salto ocurrido durante el Gobierno Duque.
La tercera discusión está en quién debe pagar el ajuste.
Petro cuestionó que se anuncie una crisis fiscal mientras el nuevo Gobierno plantea aliviar impuestos a sectores de mayores ingresos. “¿Cómo que hay una crisis fiscal y bajan los impuestos a los más ricos?”, cuestionó. La crítica de fondo es distributiva: si disminuyen determinados ingresos y simultáneamente aumenta el déficit, alguien deberá asumir el ajuste mediante impuestos, deuda o menor gasto.
La cuarta verdad toca directamente el discurso de paz y seguridad.
Espriella ha desmontado espacios de negociación de la Paz Total y cerrado anticipadamente incluso la zona de Putumayo donde integrantes de los Comandos de Frontera habían iniciado un proceso de desarme. Había 99 excombatientes vinculados a ese proceso, por lo que no todo lo heredado consistía simplemente en diálogos sin resultados, como sugiere el discurso gubernamental.
Y la quinta está en dónde caerán los recortes.
Petro advirtió que el presupuesto reduce inversión en cultura, deporte y agricultura, y pidió que el ajuste no termine golpeando también la educación pública. El propio Espriella reconoce un paquete de austeridad de $17,4 billones, incluidos $2,5 billones menos en proyectos de inversión, aunque sostiene que agregó $700.000 millones para universidades públicas frente al proyecto anterior.
La réplica dejó así una discusión que va mucho más allá de Petro y Espriella. El nuevo Gobierno presenta la austeridad como la respuesta a una herencia fiscal crítica; Petro sostiene que Espriella aumenta el presupuesto y el endeudamiento mientras desplaza recursos de sectores sociales y productivos. Los documentos confirman varias de esas tensiones, aunque no todas las afirmaciones de ambos pueden asumirse como hechos sin matices.
La ñapa de Petro sobre el dinero de los pensionados “se orina en los pantalones”
Petro también llevó la confrontación al sistema pensional y lanzó una de las frases más duras de su réplica. Al referirse a los trabajadores que se trasladaron a Colpensiones y a los recursos que permanecen bajo administración privada, afirmó: “El presidente de la República se orina en los pantalones si le pide el dinero de esos cotizantes a los administradores privados”.
El cuestionamiento de Petro apunta a que el Gobierno de Espriella debería exigir el traslado de los recursos correspondientes a esos afiliados y no privilegiar los intereses de las administradoras privadas. La controversia requiere una precisión: la obligación, el monto y los tiempos de cualquier traslado dependen de las reglas aplicables a cada afiliado, por lo que la acusación política de Petro no equivale por sí sola a demostrar que los privados estén reteniendo ilegalmente recursos.





