Incautaciones récord, sustitución de cultivos y cooperación internacional: el gobierno de Gustavo Petro busca transformar la política global contra las drogas desde la evidencia y la protección del campesinado.
Colombia presentó ante la comunidad internacional resultados contundentes en su estrategia contra el narcotráfico, combinando golpes históricos contra las mafias con políticas de sustitución voluntaria de cultivos, durante la agenda internacional del presidente Gustavo Petro en Vienna, en el marco de la Comisión de Estupefacientes de la United Nations.
Según cifras oficiales del Gobierno Nacional, Colombia ha alcanzado niveles históricos en la incautación de cocaína, superando las 700 toneladas decomisadas en los últimos años, resultado de operaciones coordinadas entre la fuerza pública, inteligencia internacional y cooperación regional.
A la par de la ofensiva contra las mafias, el país ha avanzado en un enfoque diferente frente a los territorios campesinos. Más de 42.000 hectáreas de cultivos ilícitos han sido sustituidas voluntariamente, permitiendo que miles de familias rurales transiten hacia economías legales y sostenibles.
Este modelo busca romper con décadas de políticas centradas exclusivamente en la erradicación forzada y plantea una estrategia integral basada en tres pilares:
- Golpear las finanzas y las redes del narcotráfico, con incautaciones históricas de cocaína y destrucción de laboratorios.
- Sustitución voluntaria de cultivos, apoyando a campesinos con alternativas productivas legales.
- Cooperación internacional, impulsando un cambio en el enfoque global frente al problema de las drogas.
Durante su agenda en Viena, el mandatario sostuvo reuniones con John Brandolino, director ejecutivo interino de la United Nations Office on Drugs and Crime, y con Sevil Atasoy, presidenta de la International Narcotics Control Board, para fortalecer la cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico.
El gobierno colombiano insiste en que la política global de drogas necesita una transformación, enfocada en la reducción de daños, el desarrollo rural y la persecución efectiva de las grandes mafias y sus circuitos financieros.
Colombia, que durante décadas fue el epicentro de la guerra contra las drogas, busca ahora liderar el debate internacional sobre un nuevo modelo que combine seguridad, justicia social y desarrollo territorial.
¿Debe el mundo seguir insistiendo en la misma estrategia fallida de los últimos 50 años o escuchar las propuestas de cambio que hoy plantea Colombia?



