Espriella presentó su acercamiento con Washington como el renacer de una relación privilegiada. Pero mientras Colombia ofrece cooperación en seguridad, los ganaderos siguen sin acceso pleno al mercado estadounidense justo cuando ese país necesita importar 300.000 toneladas adicionales de carne.
Y es que hace menos de una semana, Abelardo de la Espriella y Marco Rubio anunciaban una nueva era entre Colombia y Estados Unidos. El Gobierno habló del “renacer” de la relación bilateral y el secretario de Estado estadounidense llegó a describirla como una posible “época dorada”.
Supuesta cercanía todavía no se traduce en una oportunidad concreta para los ganaderos colombianos
Pero esa cercanía todavía no se traduce en una oportunidad concreta para los ganaderos colombianos. Donald Trump abrió temporalmente 300.000 toneladas adicionales para importar carne bovina magra con arancel preferencial, pero solo pueden participar países habilitados para exportar ese producto a Estados Unidos. Colombia aún no tiene completa esa admisibilidad sanitaria.
Incluso el mismo director gremial José Félix Lafaurie, presidente de FEDEGÁN y políticamente cercano a la derecha, ha reclamado acelerar el proceso. Para el dirigente ganadero, la admisibilidad no puede continuar entre trámites y estudios mientras otros países ocupan el mercado que Colombia podría aprovechar.
Las buenas relaciones internacionales no deberían medirse por fotografías, elogios o declaraciones de amistad, sino por lo que obtiene cada país.
El contraste también está en lo que Colombia sí ofrece. Espriella anunció que quiere convertir nuevamente al país en el principal socio de seguridad hemisférica de Estados Unidos, con cooperación en inteligencia, radares, drones, defensa aérea y operaciones contra organizaciones criminales. Washington obtiene un aliado decidido; Colombia aún no ve que esa presunta cercanía produzca resultados equivalentes en asuntos comerciales estratégicos.
Las buenas relaciones internacionales no deberían medirse por fotografías, elogios o declaraciones de amistad, sino por lo que obtiene cada país. La pregunta para Espriella es cuándo esa anunciada “época dorada” comenzará a traducirse también en beneficios concretos para los productores colombianos y no principalmente en las prioridades estratégicas de Estados Unidos.





