en evidencia una vez más el doble rasero de los grandes medios

Miles de usuarios comenzaron a compartir un video en el que aparece el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, durante una celebración. En las publicaciones, numerosos internautas sostienen que el mandatario se encontraba en aparente estado de embriaguez. Sin embargo, con base únicamente en las imágenes no es posible confirmar esa afirmación. 

Lo que sí es evidente es otra cosa.

Mientras el video se multiplica en X, Facebook, TikTok e Instagram, el tratamiento de algunos de los principales medios de comunicación ha sido mucho más discreto que el que suelen dar a situaciones similares cuando involucran a otros dirigentes políticos.

Y ahí es donde nace el debate.

No se trata únicamente del comportamiento de Federico Gutiérrez.

Se trata del rasero con el que se mide a unos y a otros.

Durante los últimos años, cualquier gesto, tropiezo, declaración o imagen de Gustavo Petro ha ocupado titulares, editoriales, paneles de opinión y horas de discusión en televisión. Incluso episodios sobre los que no existían pruebas concluyentes dieron lugar a amplios debates públicos.

Ahora, frente a un video que ha alcanzado una enorme difusión en redes, la cobertura de varios de esos mismos medios ha sido mucho más limitada, lo que ha llevado a numerosos usuarios a cuestionar si el estándar informativo cambia dependiendo del personaje político. 

El punto de fondo no es si un político puede asistir a una celebración o consumir alcohol en un espacio privado.

El verdadero debate es si los medios aplican el mismo criterio cuando informan sobre figuras de distintos sectores políticos.

Porque el periodismo no solo se mide por lo que publica.

También por aquello que decide no convertir en noticia.

Y esa pregunta vuelve a instalarse en la conversación pública: ¿existe el mismo nivel de escrutinio para todos los líderes políticos o algunos reciben un tratamiento más benévolo que otros?

En una democracia, la credibilidad de los medios depende precisamente de eso: de que el estándar sea el mismo para todos, sin importar el color político del protagonista.