Durante el gobierno de Gustavo Petro, Colombia superó los 21 millones de visitantes no residentes y destinos del Caribe se beneficiaron del crecimiento del turismo. Hoy, la escalada armada golpea a Santa Marta y la Troncal del Caribe con amenazas, cierres y restricciones que afectan directamente a comerciantes, trabajadores y viajeros.
Durante los últimos años, Colombia consiguió que el turismo se convirtiera en una de sus vitrinas internacionales. Entre agosto de 2022 y noviembre de 2025 llegaron al país más de 21 millones de visitantes no residentes, según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Solo en 2024 fueron 6,7 millones, entonces un récord. Cartagena estuvo entre los principales destinos de los viajeros internacionales.
Ese crecimiento ayudó a fortalecer una economía que en el Caribe significa hoteles, restaurantes, transporte, vendedores, guías, comercio y miles de familias que viven directa o indirectamente de quienes llegan a descansar. Pero las imágenes que deja ahora la escalada del conflicto en el Caribe muestran el riesgo de recorrer el camino contrario.
La seguridad de un destino turístico no se mide solamente por operaciones militares o cabecillas abatidos. También se mide por algo mucho más elemental: que la gente pueda viajar, trabajar, abrir su negocio y regresar a casa sin miedo.
En Santa Marta, uno de los principales destinos turísticos del país, amenazas atribuidas a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada provocaron este 22 de septiembre cierres de establecimientos y afectaciones al transporte. En sectores del Magdalena y sobre la Troncal del Caribe también se registraron vehículos incendiados, bloqueos, balaceras e intimidaciones a comerciantes.
La imagen de calles desocupadas y negocios con las puertas abajo resulta especialmente preocupante para una región que depende del turismo. La guerra no necesita destruir un hotel para golpear la economía turística: basta con que viajeros, comerciantes y trabajadores sientan que salir a la calle, abrir un negocio o transitar por una carretera representa un riesgo.
La seguridad no se construye con poses, amenazas ni discursos de guerra. Se construye protegiendo a la población y recuperando el control efectivo del territorio. Alejandro Toro
El Gobierno de Abelardo de la Espriella ha respondido con una estrategia de mayor presión militar contra los grupos armados. Tras la reciente operación contra las ACSN, el mandatario endureció su discurso y ordenó reforzar la presencia de la Fuerza Pública en Santa Marta.
Sin embargo, la jornada deja un hecho verificable: el despliegue estatal no impidió que las amenazas y acciones violentas alteraran la vida cotidiana y obligaran a parte del comercio y del transporte a detenerse. Ahí está la dimensión económica de volver a escalar la guerra. Detrás de cada establecimiento cerrado hay trabajadores que dejan de vender, conductores que dejan de producir y familias que dependen de que los turistas sigan llegando.
Colombia venía de convertir el turismo en una fuente creciente de actividad económica. La pregunta ahora es cuánto puede resistir esa conquista si las zonas turísticas vuelven a asociarse con retenes, amenazas, comercios cerrados y militarización.





